una más

Las cartas más románticas

una más

por baude » Jue Mar 13, 2008 6:30 pm

acabo de publicar esto en el subforo de cartas y frases de amor, es posible que no tuviera que ir allí sino aquí, disculpen las molestias. volveré a postear todo en este foro, sin ánimo de ofensa.

saludos, soy nuevo por aquí y no escribo con mayúsculas, lo lamento, es una historia muy larga y, como casi todas las historias, tiene que ver con una chica.

una más, no quiero decir que esta chica sea una más, por desgracia no lo es, hoy por hoy es la única e inalcanzable; tampoco la carta es una más, no nació con ese propósito. pero es una más dentro de las expuestas en este foro, supongo. en cualquier caso, imagino que sólo por el título algún incauto habrá picado y entrado, 'una más, una chica más', pensará, 'qué tío más duro'. en fin.

presento aquí mi carta aunque sea estúpida y producto de resabido a un tiempo con un mero propósito anotrpológico. antropomórfico, incluso, si alguna forista femenina se decide a contactar conmigo enviando fotos de cuerpo entero por favor. en cualquier caso, solicito opiniones. muchas.

les dejo con mi carta, último y burdo intento por acercarme a ella, no sé si se la enviaré, aún. se llama maría y es hermosa. maría lp de ee (maldito google), sería gracioso (y resulta ligeramente emocionante, para qué vamos a negarlo) que algún día buscase su propio nombre en google y le apareciese esto.
Ultima edición por baude el Lun Mar 17, 2008 9:19 am, editado 1 vez en total
 
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por baude » Jue Mar 13, 2008 6:31 pm

(05/03/2007)

hola maría.

voy a desgastarte el nombre maría. no sé si me atreveré a enviarte esto nunca, sinceramente no lo sé, cuántas cosas he escrito que han acabado en nada, cuantísimas a lo largo de mi vida, voces interiores que acabaron siendo letra que muere, letra que no llega a ojo ni voz a oido, a menudo ni siquiera tenían esa intención inicial: nacieron con vocación de ocultas, furtivas y clandestinas; es curioso, palabras con vocación de silencio. no es del todo así en este caso, querría relatártelo todo, confesarte todo lo que en realidad ya conoces, clamarlo a gritos mientras desgarro cual increible hulk mis ropas (ya sabes, mis tendencias de hombre desnudo). de forma que no sé dónde ni cómo acabará esto, no sólo desconozco cuál será su forma final sino que ni siquiera sé muy bien por dónde empezar, supongo que como el propósito es acabar por vomitarlo todo no importará mucho el desorden.


lo siguiente lo escribí el 8 de febrero, después de una de esas típicas semanas (ha habido tantas) de confusión y silencios en que yo temía decir cualquier cosa que te pareciera mal (bromas que sonasen a reproches, confianzas que resultaran excesivas) y finalmente con cada nuevo correo mío yo sólo era capaz de imaginarte más molesta, a eso sonaban tus nuevos silencios:


*******************

maría.

sucede que me despierto, recuerdo un sueño: deseo contártelo. suenan los bongos, me levanto: quiero contártelo. salgo a la calle, cielo azul y dibujos con tiza: me apetece contártelo. sucede que una puesta de sol me enciende escarlata y necesito compartirlo contigo. hacerte saber mis miedos y mis alegrías, mis desvelos, mis soles y mis cielos, todas mis palabras y mis entusiasmos y mis locuras, que conozcas cada una de mis sonrisas y sus fisuras, y mis fealdades, y mis sueños y proezas, ninguna mentira y todas las verdades, siento esa necesidad esencial en la punta de los pelos con cada pequeño milagro del día, susurrártelo al oído como un cuento infinito y ligero, que no pese... pero no soy capaz y me pierdo, me presento torpe y grave y no encuentro la fórmula, no he conseguido descubrir el algoritmo para no ahogarte, resultar pluma y no elefante, 'aligerar la pesadumbre de vivir' y no ser una carga añadida...

así que me presento torpe y grave, y me doy cuenta y me apeno, y entonces tienes que aguantar no sólo esas palabras ingenuas e ilusas sino nuevas voces que no sólo son más pesadas y artificiales sino que además parecen feas, no tratan de serlo maría pero sé que lo son, su intención es la contraria pero sólo consiguen confusión y aburrimiento...

así que eso es lo que hay, no hay más, no hay menos, no hay excusas y aunque tanto lo lamento no vale un 'lo siento', no me vale a mí. he aflojado el corsé, el marcaje férreo, eso era lo que acabó siendo mi ilusionada pluma leve, me doy cuenta y he dejado de apretar, deseo que respires, pretendía ir suave y despacito y ya ves, se me fueron la mano y la cabeza y piqué con demasiada fuerza, insistente y precipitado, no volverá a pasar. no le doy vueltas en la cabeza al significado de cada sílaba, no trato de encontrar razones oscuras o mensajes ocultos, no quiero que me sientas ajeno o enfadado porque no lo estoy, sigo siendo el mismo, sólo estoy perdiendo kilos de esa gordura artificial que pesaba y pesaba desfavorable en la balanza.

y el resultado será el que tú quieras.

*******************

el 8 de febrero, hace tanto y parece que lo escribí ayer, el 8 de febrero y sigue siendo exactamente lo mismo un mes después. exactamente lo mismo solo que un poco peor, obviamente: no ha sucedido nada nuevo desde entonces, o mejor dicho nada bueno.

pero sigue siendo eso, lo fue desde el mismo inicio, hace ya dos meses: yo pretendía seguir con la misma rutina que había llenado de risas amables y confesiones a media voz nuestros meses anteriores, pero tú ya habías decidido que no. fui como de costumbre un poco torpe, estuve un poco lento, tardé en captar la primera señal una mañana entera, hasta que la tarde de aquel día después-de entré en el chat y te conté cómo estuve a punto de llegarme hasta el entrego para tomar un café contigo, te lo repetí por si no lo habías cogido, pero vaya si lo habías hecho; y como respuesta el silencio. 'no pasa nada', pensé, 'quiere ir despacio, es normal que se sienta abrumada si piensa que pretendo pasar con ella cada momento, no es lo que deseo, no volverá a pasar'. aquella fue seguramente la segunda de mis torpezas, la segunda porque... es cierto, la primera no fue esa, y también me di perfecta cuenta: la primera fue la misma mañana del día después-de, me apetecía detallártelo todo, mis sensaciones de la tarde anterior, describirte el milagro paso a paso, cada palabra, cada gesto, cada caricia, cada beso, como si no hubieras estado tú allí! y así lo hice. y como respuesta el primer silencio.

así que casi desde el primer instante, con mis tanteos que resultaron ser pisadas en falso, supe que las cosas no serían sencillamente un paso adelante, tú querías ir despacio y además conservar tu espacio, que no tratara de acercarse nadie, tu cálido rincón de soledad y autocompasión. y a mí todo aquello me parecía perfecto, también me gusta ir despacio. aunque, claro, me gusta ir despacio cuando sé que hay algún lugar donde ir. estar parado dando vueltas resulta un poco frustrante.

aquel fin de semana se complicó la cosa, o la compliqué yo artificialmente cuando me di cuenta no ya de que la situación no iba a progresar, sino que ni siquiera iba a permanecer tal y como había sido hasta entonces. fin de semana para ti ajetreado, con visitas y miles de risas, no sabes cuánto me ha encantado siempre imaginarte alegre, con esa risa expansiva en el filo de tus labios, es como deseo sentirte siempre maría.

así que fin de semana ocupado, no hubo apenas correos ni mensajes, era lógico, no fue eso lo que me preocupó. lo que me extrañó fue la diferencia en el tono, en las formas, lo que hasta hacía un par de días habían sido susurros cálidos y divertidos pasaron a ser, de repente y sin aviso ni motivo aparente, palabras serias y frías, fue un cambio súbito y brusco, y a mí me pilló por sorpresa. sencillamente no lo entendí. y le estuve dando vueltas en la cabeza hasta que finalmente no pude más y tuve que soltártelo, aquel martes de aquella primera semana después-de. dios sabe cuánto traté de aguantarme aquello, no quería cansarte tan pronto con mis problemas y mis neuras, pero al final insististe y te lo conté, te noto fría maría, estás distante, no me refiero a que cada vez me escribas menos, eso no importa en absoluto, y es normal, apenas han pasado unos días y has estado muy ocupada; es el tono maría, ya no es el de antes, no se parece en nada, y no lo entiendo, ha sido ten repentino...

qué mal te sentó aquello, creí que todo acababa allí y me sentí fatal, por qué no pude quitarme todo aquello de mi cabeza?, olvidarme a tiempo, dedicarme sólo a vivir el momento, disfrutar de lo poco o mucho que quisieras ofrecerme y no comerme la cabeza con historias que sólo estaban dentro de ella, eso fue lo que me dijiste, 'no te comas la cabeza'; 'nunca más', te lo prometí...


así que me dediqué a suprimir minuciosamente aquellos venenos que trataban de infiltrarse en mis huesos, y creo que lo logré hasta donde fue posible, y para que supieses qué había exactamente dentro de mi cabecita preparé un pequeño discurso al que titulé 'mi determinación' (te acuerdas?), y te lo solté en una de esas inolvidables noches de enero de frío y calor y cerveza.



no soy capaz de quitarme de la cabeza cuantísimo la fastidié contándote aquello ese martes, estás fría, te noto distante... claro, no son palabras tan graves, pero yo sabía cómo te las ibas a tomar, y aún así no pude aguantarme. y desde entonces tú tienes la sensación de que cada voz cansada que me oyes o cada mensaje sin gracia o cada silencio es en realidad un nuevo enfado mío y un reproche, que algunas de mis bromas tienen doble sentido y que mis preguntas sólo buscan saber demasiado. y desde entonces tengo que andarme con pies de plomo para que mi voz no resulte cansada, para que cada mensaje tenga gracia pero sólo la justa para que no parezca burlón, para que mis silencios no semejen enfados sino simples silencios.


yo habría querido continuar como hasta entonces, como antes-de, con aquella relación tan agradable que manteníamos tú y yo, con aquella conexión especial, no entendía en qué podía cambiar aquello un beso, por qué no podíamos seguir diciéndonoslo casi todo, por qué no mandarnos correos a todas horas contándonos cada pequeña alegría y cada gran tristeza, por qué no asustarnos a las seis de la mañana para contarnos el último sueño o conseguir que el otro fuera feliz al mirar el reloj y darse la vuelta y acurrucarse en la cama pensando 'qué bien, una hora más', y 'qué bien, ese abrazo que me acaba de dar es tan agradable! qué cálido, qué gusto sentirse querido'. no entendía por qué cada vez había más silencios, por qué cada vez menos palabras, por qué cada vez más frías. yo trataba de que no fuese así, supongo que me excedía, de forma que en lugar de mejorar las cosas y devolver la ligereza cálida a nuestros procedimientos aún no agotados, o adaptarme a la nueva situación y seguir tratando de resultar agradable con las nuevas reglas, en realidad lo único que conseguí fue resultar pesado y cargante, acabé por agobiarte maría, cuánto me duele saber esto, ni te lo imaginas... seguramente no lo recuerdes pero en uno de los primeros correos que te envíe, uno de los primeros de todos, te decía que odiaría resultar pesado y atorante, cuántas veces te lo habré repetido... y finalmente ya ves.



cuando al fin me lo dijiste, aquella noche, tras la cena, cuando me contaste que ya no podías contármelo todo 'después de lo que había pasado', cuando me confesaste que te sentías agobiada, a pesar de que sólo era la confirmación de lo que yo ya suponía fue al mismo tiempo una liberación y una tristeza terribles. liberación porque finalmente decías algo sobre mí, sobre nosotros, después de mes y medio sin una sola palabra que me sirviera de guía. tristeza porque se confirmaba la peor sospecha posible: yo te había estado agobiando. para rematar la faena no se me ocurrió otra cosa que agobiarte un poquito más aquella misma noche, qué iba a hacer si no... vaya noche maría, enrojezco cada vez que recuerdo mi comportamiento, siento la sangre latiendo fuerte, una vergüenza infinita, cuando repaso en mi cabeza aquellas escenas, acosándote como un adolescente impaciente, acariciándote mientras tú tratabas de mantenerte alejada, tratando de retenerte a pesar de tu incomodidad, a pesar de las incontenibles ganas que tenías de huir de aquello y volver a casa... no te imaginas cómo me avergüenzo de todo aquello, cómo lo lamento.

ahí acabé de arreglarlo todo. je.

aquella noche yo me estaba dando cuenta de lo que estaba sucediendo, pero no podía hacer nada por solucionarlo: como un espectador que no puede cambiar lo que contempla. exactamente esto: vas caminando por la calle, una maceta cae sobre ti y lo único que se te ocurre es poner los brazos sobre la cabeza, cuando en realidad la solución es tan sencilla como dar un paso a un lado. solo que en este caso había sido yo mismo quien había tirado la maceta.


y así están las cosas, tú agobiada, yo apenado. con varias semanas encima en que nuestra relación epistolar puede calificarse, siendo generosos, como cordial. la pena se ha convertido en amargura últimamente, me ha dado por pasar a un documento los correos que nos escribimos a partir de septiembre del año pasado, los anteriores los iba guardando a medida que nos los mandábamos. los correos de septiembre, los correos de octubre...


(06/03/2007)

'no m pues poner coses k m hagan sonreir (casi reir) tanto cuando t en el curro k la gente piensa k toy loca', 'gracies por el gigamail, m encanta leete', 'm encanta k escribas "maria"', 'keria comentate muches coses sobre el tu mail ultimu, reime mucho', 'm encanta k m escribas (dijetelo alguna vez? :p) ye como otra hora de gym, relajante. tendre k pagate Wink', 'siento habete abandonao, m encantaria habete escrito algo', 'tengo mucho curro pero seguro k sacare miles de momentos pa poder escribite aunke sea una unica linea'... qué bien me sentía cuando me escribías cosas así, me sentía querido maría, ya ves, con frases así y similares, estas las acabo de rescatar en una búsqueda de un par de minutos, pero recuerdas la cantidad de ocasiones que repetíamos estas fórmulas de encantamiento a diario?, sabes cuánto tiempo hace desde que no me dices nada semejante?, supongo que sí lo sabes.

y eso es lo que me apena... sé que a veces me has creído molesto y resentido, que no te perdono los silencios o las esperas: no es así, puedes escribirme cuando y como desees, faltaría más, no sólo puedes hacerlo sino que debe ser así, ya te lo he dicho muchas veces: de ti sólo deseo lo que tú me quieras dar, odio imaginarte al otro lado resoplando mientras me escribes cuatro palabras y piensas 'tendré que escribirle algo a éste porque si no seguro que se mosquea', no lo soporto y a veces te he sentido así, acercándote a mí por obligación en lugar de por deseo, y te lo he dicho, 'oye mira no pasa nada si una noche no quieres charlar conmigo, estás cansada y quieres relajarte, no pasa nada, créeme'... me encantaba cuando te interesabas por mis cosas y además te hacía gracia y lograba cierto leve aligeramiento de la pesadumbre de vivir ('ye como otra hora de gym'), ahora no es así casi nunca y por eso me siento apesadumbrado y apenado y afligido, cómo voy a estar si no... y toda esa amargura tiñe mis palabras, no es algo intencionado pero supongo que es inevitable: yo querría asomarme a ti con la misma frescura de antes, causarte la misma gracia y provocarte el mismo entusiasmo, compruebo que no es así y con cada nueva palabra resulta más complicado, de forma que al final, en el mejor de los casos, sólo acabo contando futilidades inservibles e inútiles, y sólo alcanzo tu bostezo. cuánto me gustaría aparecer de otra forma maría, creeme que cada día lo procuro con todas mis fuerzas, ésa es una sensación que siempre he sentido contigo y que antes me entusiasmaba y me animaba al esfuerzo: conseguir tu favor, tu sonrisa, tu mirada brillante, tus palabras amables, era algo que debía ganarme cada día, cada mañana un nuevo comienzo, y hoy qué la diré (aquí permiteme el laismo, me gusta cómo suena), qué cuento le contaré, qué historia le relataré, con qué palabras de aproximación y afecto lograré que se sienta apreciada e incluso cariñosamente arropada, por las noches... cada mañana me despertaba con ese pensamiento, qué la diré hoy, qué algoritmos inventaré para ella, y casi siempre encontraba algo en cualquier situación y lugar que anhelaba contarte, mientras me vestía o al lavarme la cabeza o cuando retiraba los labios tras el calor excesivo del cazo o subiendo al alsa y contemplando sus gentes, no veía la hora de sentarme enfrente del ordenador y contarte cada pequeño milagro del nuevo día (esa necesidad esencial en la punta de los pelos), y permanecía con el alma en un hilo entretenido y placentero imaginando cómo recibirías esa ofrenda, a menudo con tus orejones abiertos de par en par y tus ojazos animados y me estremecía cuando me regalabas el prodigio de tu sonrisa y me acogías cariñosa y dulce, en otras ocasiones no tanto o no tan efusivo el recibimiento, un día de cansancio (y yo trataba de acompañarte en la fatiga y nos ofrecíamos tregua y descanso mutuos) o de recuerdos y melancolía (y nos regalábamos canciones) o de plena tristeza (y hubiera dado cualquier cosa por poder abrazarte, un abrazo sencillo y fuerte y eterno), o tal vez mis palabras habían resultado ser abutardas desmañadas (imagínate lo torpes que deben de ser las abutardas, con ese nombre; imagínatelo) y sólo cabía atenderlas con una ligera tibieza; y eran esos otros casos, aquellos días en los que no conseguía arrancarte una sonrisa o tus palabras sonaban un poco más lejanas, los que más me estimulaban a seguir intentándolo, los que me mantenían vivo y me espoleaban para esforzarme un poquito más la jornada siguiente, siempre un poquito mejor para ti.

aquellos días: antes eran pequeñas dunas de arena en un oasis inmenso, y cuando por casualidad caía en ellas alzaba la mirada y contemplaba el paraíso rodeándome y respiraba tranquilo y esperanzado. ahora las dunas se han convertido en desierto y apenas quedan un par de palmeras aquí y allá, y qué alegría cuando de repente me permites trepar a una y vuelvo a respirar aquella ilusión y aquella vida. momentos tan breves! pero supongo que he acabado transmutando por entero en una abutarda desmañanada (una abutarda cósmica como en uno de mis pobres y viejos poemas) que no sabe volar y está condenada a vagar por la arena fría.


me está sentando bastante bien esta terapia, escupirlo todo y vaciarme, mantenía demasiada amargura y demasiada dicha pasada oculta, es bueno expulsar de vez en cuando, abrirle la puerta a los ángeles y los demonios y que salgan los que lo soliciten y a su ritmo, lamento el desorden maría, las repeticiones y el caos, pero es así como tiene que ser. encuentro cierta tranquilidad y cierto sosiego reposado y plácido en todo esto. supongo que es el anhelo de los hombres: contarlo todo, desprenderse de todas las palabras y así vaciarse y quedar en paz. disculpen la pedantería!


pretendía ir paso a paso maría, suavemente, despacito, era mi determinación y estaba completamente decidido y dispuesto a cumplirla rigurosamente. así que comencé a picar en la puerta y en eso sigo y seguiré mientras no me eches, sé que la cadencia ha sido en ocasiones molesta y a veces lánguida, algún golpeo habrá resultado inoportuno y a destiempo, pero en realidad tengo excusa, y te la presento: excusa maría, maría excusa. no sé si estás dentro maría, no lo he sabido nunca, no oigo nada ahí dentro, imagínate mi confusión, cómo no sentirse desorientado, cómo no equivocarse muchas veces ante una situación así, a menudo pego la oreja a la puerta y en alguna oportunidad creo escuchar algún ruido, imagino alguna sonrisa y pienso 'esta ahí, me la estará dedicando, seguiré intentándolo', pero cómo acertar cuando no tengo la certeza de que estés dentro, ya ni siquiera me planteo la posibilidad de que algún día puedas abrirme, cómo mantener esa esperanza si no sé si estás ahí, si nunca te he visto asomar la cabeza, si ni siquiera has abierto la mirilla, si no me has dejado ninguna señal por compasión. buenos días maría, buenas tardes, buenas noches: estás ahí dentro?



qué día maría, un día espectacular, de no ser por el viento. hace frío pero no demasiado, el justo para ruborizar las mejillas sin vergüenza, el cielo es de ese azul que tanto te gusta y el sol calienta sin agobios, pero hace demasiado viento, probablemente tanto o más que en madrid, puedes figurarte, seguramente en la cuenca sople con menos violencia, hay muchos montes que resguardan, no lo sé, apenas he estado allí, ya lo sabes, aunque es probable que vuelva, creo que tendré que echar esta carta directamente en el buzón, un sobre con más de cinco hojas es probable que no llegue a su destino (créeme, tengo experiencia; aunque es remota, tal vez las cosas hayan cambiado), y enviar cartas en más de un sobre, a pesar de que lo hice varias veces en su día por obligación (alguna chica madrileña; o murciana), nunca me ha parecido la mejor opción. no lo sé, no sé si me atreveré a volver a picar en los timbres de tu edificio, tengo la sensación de que no te sentaría demasiado bien, además me apetecía muchísimo que recibieras carta con el sello de correos, 'gijón tantos de marzo de 2008', así es como se deberían recibir y conservar todas las cartas... no sé, qué debería hacer maría? te pregunto?



te quiero maría, te quiero muchísimo, hasta donde no te imaginas y te sorprendería saber desde hace cuánto tiempo, te quiero mucho más allá de las fórmulas habladas y de las palabras de amor de siempre, me siento feliz cuando te calculo en paz y segura y alegre, en los tiempos muertos te invento mirando a un cielo muy azul y muy amplio, con un sol enorme en un extremo, sol de fuego que calienta sin quemar, dibujando aviones de tiza e imaginándote volando en ellos, pero entonces sobre una balsa de nubes que ahora sí te resultan apetecibles, nubes de algodón bajo tus pies juguetones y curiosos; me encanta saberte sonriendo y provocando sonrisas, aunque estés a decenas o a veces a centenas de kilómetros de mí, me gusta imaginarte siempre así, con esa sonrisa milagrosa coloreando la vida de la gente que te rodea con brochazos de alegría... y también es terriblemente cierto todo lo contrario, me siento apesadumbrado con tu cansancio y tu enfermedad y tu melancolía, no soporto advertir tu tristeza y no poder hacer nada por aliviarla, cuánto daría por calmar y serenar y relajar y suavizar aunque sólo fuese un segundo de tu dolor, lo daría todo por la certidumbre de que todos tus pasos se dirijen a la felicidad plena y ese es todo el fin que te espera, con los brazos abiertos. te quiero maría.


te quiero y es magnífico, no hay dolor en eso, es un amor generoso y desprendido y espléndido y abundante, en absoluto celoso ni posesivo ni irritante ni tedioso, un amor sincero y sencillo que ni siquiera busca creerse correspondido, sino sólo saberte feliz, estés con quien estés y donde estés y estés haciendo lo que estés haciendo, no importa. no tienes por qué creerme, sé que no he sido capaz de demostrártelo; pero también sé que me crees.


el problema no está ahí. el problema está en que, además, te deseo. no me refiero al deseo puramente carnal, va mucho más allá, te deseo como lo define el diccionario de la rae, puedes buscarlo si quieres, pero creo que me entenderás. quiero estar contigo, quiero dedicarte palabras y sonrisas y descubrir las tuyas si las merezco, quiero escuchar tu voz con detenimiento y que me escuches con calma y reirnos juntos de nuestros tropiezos, quiero mirarte cuando te alejas, oler tu pelo, quiero admirar tus pestañas, quiero recorrer tu cuerpo; quiero mirarme en tus pupilas para verme vivo. abrazarte con fuerza y sentir que estás ahí. que tiemblen mis piernas cuando nos vemos y te acercas y nos damos dos besos, que no me atreva a mirarte a los ojos por miedo a caer un poquito más. que cuando te tenga a dos milímetros tus labios se abran como una rosa.

y en ese deseo, como comprenderás, sí hay cierta parte de egoismo: es inevitable. deseo no destructivo, no obstante, en absoluto ese tipo de deseo mal entendido y enfermizo que no soporta que estés con otros, todo lo contrario: me hace feliz saberte bien maría. deseo de la clase de deseo que desea estar contigo. pero tal vez sea una medida excesiva de ese deseo lo que ha provocado tantas y tantas faltas, tantos deslices, tantos desaciertos...

maría, tú no te has asomado a la puerta, no te has dado a saber, no has demostrado interés; pero no te culpo, no quiero que creas que te culpo porque no es así, de qué te podría acusar?, de sentir lo que sientes?, de no sentir lo que no sientes?, es absurdo. y no sólo eso, sino que si alguien ha fallado en el proceso ése he sido yo, con mi egoismo y mis prisas, desde el mismo comienzo a pesar de no haberlo pretendido.

pero sí hay algo en cuanto a ti que no me ha parecido justo, ya hablé antes sobre esto: no sé si estás ahí dentro maría, y eso me ha producido tal confusión que la mayoría de las veces apenas he sabido dar palos de ciego. desde hace dos meses no has dicho una sola palabra sobre nosotros, ni sobre mí, qué opinas o qué esperas o qué deseas, salvo esas palabras que desde la incomodidad me confesaste aquel viernes y que se clavaron como una daga, 'me siento agobiada'. bien, lo entiendo maría, te sientes agobiada, no he sabido actuar de la forma suave y pausada que pretendía, estoy tratando de dejarte respirar, pero sigo sin saber qué es lo que hay si es que hay algo más, algo delante o detrás o por encima o por debajo: estás detrás de la puerta maría?, es decir, tiene sentido que yo siga picando o en realidad no hay nada tras ella?, qué opinas de mí?, hay alguna posibilidad de que me escuches?, cómo quieres que sea todo a partir de ahora?, quieres mi silencio?, quieres que deje de intentarlo por un tiempo?, te sientes abrumada y necesitas que te dé más espacio?, quieres que dejemos de escribirnos y así tal vez algún día llegues a echarme de menos y vuelvas a recibir mis palabras como lo hacías antes?, deseas que las cosas sigan exactamente como están ahora, un correo de buenos días y tal vez alguna cita y algún beso?, lo que tú quieras maría, lo que tú prefieras, eso es exactamente lo que deseo yo, pero necesito saber, necesito saber porque se hace muy densa y muy pesada esta nube sobre mí, dime qué pasa maría, qué está pasando, cuéntamelo todo por favor, sé que no todo tiene que ver conmigo, no me creo el ombligo del mundo, sé que últimamente estás cambiada aunque en realidad no sé si te sientes mejor o peor, cuéntame, ojalá sea todo para bien, cuéntame qué sucede con tu vida, y cuéntame qué quieres que pase conmigo, es un poco injusto que tras dos meses lo único que sepa acerca de esto es que te he agobiado, sinceramente creo que merezco conocer algo más, cuéntame maría, aunque sepas que me va a hacer daño, no importa, es mejor así, suéltalo de repente, ese dolor seguirá siendo el mismo mañana que pasado y creo que tampoco me merezco una agonía lenta; y si en realidad no sabes lo que quieres cuéntame también, 'no sé lo que quiero santi, debes creerme', y de todas formas sigue contándome, no me importa, estoy bien así maría, no me importa seguir dándote todo el espacio que necesites y encontrarnos las noches que tú quieras y no encontrarnos cuando desees divertirte: lo único que necesito es saber, lo único que quiero es un poco de luz tras tanta tiniebla. no pido mucho. o tal vez pido demasiado. tú me dirás.


piénsatelo, vale? lee esta carta mil veces. o sólo una y contéstame lo que te salga de las entrañas. pero cuéntame. por favor. no es una exigencia, qué derecho tengo. pero cuéntame. por favor.

y el resultado será exactamente el que tú quieras.


y por encima de todo, y a la derecha y a la izquierda y también por debajo, debes saberlo: te quiero, eso no va a cambiar. te quiero muchísimo maría; y te quiero bien. estaré siempre para lo que necesites. siempre.


muchos besos maría, muchísimos. me agrada pensar, me gusta escribir, me encanta decir la palabra: maría.
 
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Registrado: Jue Mar 13, 2008 6:10 pm

por baude » Jue Mar 13, 2008 6:32 pm

supongo que muchos no habrán llegado hasta aquí, lo comprendo. soy incapaz de sintetizar, creo que existe alguna palabra que defina esto... y no, no repetiré el pésimo chiste sobre la clorofila.

espero y deseo opiniones.
 
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